| 1 cuota de $21.990,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $21.990,00 |
| 2 cuotas de $13.073,05 | Total $26.146,11 | |
| 3 cuotas de $8.997,57 | Total $26.992,73 | |
| 6 cuotas de $4.894,24 | Total $29.365,45 | |
| 9 cuotas de $3.510,58 | Total $31.595,23 | |
| 12 cuotas de $2.855,21 | Total $34.262,62 | |
| 24 cuotas de $2.013,82 | Total $48.331,82 |
| 3 cuotas de $9.369,94 | Total $28.109,82 | |
| 6 cuotas de $5.160,32 | Total $30.961,92 |
| 3 cuotas de $9.467,42 | Total $28.402,28 | |
| 6 cuotas de $5.197,33 | Total $31.184,02 | |
| 9 cuotas de $3.889,05 | Total $35.001,48 | |
| 12 cuotas de $3.185,06 | Total $38.220,82 |
| 18 cuotas de $2.278,65 | Total $41.015,75 |
MANUEL ALEJANDRO GUERRERO
¿EL FIN DE LA RAZÓN?
SIGLO VEINTIUNO EDITORES
Páginas: 100
Formato: 13,5 x 21
Peso: 0.15 kgs.
ISBN: 9786070309601
Los cuatro ensayos de esta obra, escritos sin pretensión académica y de forma independiente entre sí, plantean una consideración común: los dos ideales que han dado forma a la modernidad -libertad e igualdad- por sí solos no han alcanzado para hacer realidad la promesa de la Ilustración: conformar una mejor sociedad en términos humanos. Más aún, sus excesos nos han conducido a un mundo donde la incertidumbre, el miedo y la ira dominan los imaginarios colectivos, sobre todo a partir de diversos procesos comunicativos que explotan la parte emocional y dificultan el intercambio racional. Por ello, hoy día, apelar exclusivamente a la racionalidad humana con base en datos, argumentos y razones, no parece tener mucho efecto en cambiar las actitudes ni, menos aún, la conducta de los seres humanos. La propuesta es volver a mirar la libertad y la igualdad a través del lente de la fraternidad (ese tercer valor olvidado de la modernidad) como vías para rescatar la promesa ilustrada de concebir una sociedad más humana, aprovechando la comunicación y la tecnología. Así, el desafío actual es fomentar procesos comunicativos que, aunque anclados en la emoción, impliquen también a la razón, no su rechazo. Es decir, establecer la posibilidad de imaginar nuevos caminos del corazón al cerebro, que nos conecten con el otro; reconocer que, quizá contrariamente a lo que se ha supuesto, el ser humano no es un ser racional que siente, sino un ser emocional que razona.
