| 1 cuota de $30.900,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.900,00 |
| 2 cuotas de $18.370,05 | Total $36.740,10 | |
| 3 cuotas de $12.643,25 | Total $37.929,75 | |
| 6 cuotas de $6.877,31 | Total $41.263,86 | |
| 9 cuotas de $4.933,01 | Total $44.397,12 | |
| 12 cuotas de $4.012,10 | Total $48.145,29 | |
| 24 cuotas de $2.829,79 | Total $67.915,11 |
| 3 cuotas de $13.166,49 | Total $39.499,47 | |
| 6 cuotas de $7.251,20 | Total $43.507,20 |
| 3 cuotas de $13.303,48 | Total $39.910,44 | |
| 6 cuotas de $7.303,21 | Total $43.819,29 | |
| 9 cuotas de $5.464,83 | Total $49.183,53 | |
| 12 cuotas de $4.475,60 | Total $53.707,29 |
| 18 cuotas de $3.201,92 | Total $57.634,68 |
EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA
CONSPIRACION EN EL PAIS DE TATA BATATA
INTERZONA
Páginas:
Formato:
Peso: 0.45 kgs.
ISBN: 9789871920761
A Ezequiel Martínez Estrada se lo recuerda, en la historia de las ideas, como autor de ensayos, de los más importantes que se han escrito en este país. Algunos son ineludibles: Radiografía de la Pampa, sin duda el de mayor renombre, equivalente al Facundo de Domingo F. Sarmiento. O bien su libro sobre el peronismo, ese jeroglífico nacional: Qué es esto. Todo un título. Sin embargo, en sus inicios, Martínez Estrada tuvo fama de poeta. Y si bien al final de su vida dedicó esfuerzos a causas revolucionarias -en Cuba- y todavía tuvo tiempo de clavar la pica tercermundista, la obsesión de su vida fue la Argentina, a la que también llamó "Trapalanda", y ambos eran nombres de ficciones: de cuentos que terminan mal. Y cuentista él lo fue -publicó varios- y asimismo obras de teatro, y nos dejó una novela inconclusa, Conspiración en el país de Tata Batata. Nunca dejó de ser un creador de obras literarias y hasta cabe conjeturar que sus embestidas quijotescas contra todo y contra todos -es una estampa posible: batallador, desmarcado, en pose de jaque maque- eran las de un descreador de leyes y países. Quizás toda su vida se preparó para escribir una gran novela, y todo lo anterior fueron apenas aprestos, y tan solo le faltó poner el punto final, justo él, que siempre los ponía a quemarropa. Christian Ferrer
